En un principio era una necesidad compulsiva, tenía que contenerme para no postear cuatro o cinco veces en el mismo día. Después, no sé bien en qué momento, empezó a costarme escribir en este espacio.
Sin embargo, aunque traté de cerrar el blog varias veces, nunca pude hacerlo.
Ayer me escribió una mujer de España. Su hija de tres años fue diagnosticada con esta enfermedad. La mujer me contó que se puso a buscar personas afectadas por lo mismo y lo primero que encontró fue Viviendo con Igan.
Entonces me di cuenta que independientemente de lo que yo sienta, tengo que mantener este espacio. Porque puede ayudar a otros. Cuando empecé con esto me hubiese tranquilizado mucho que alguien me hablara desde la experiencia. Tenía el aliento de los médicos, de mi familia, de mi pareja, pero no el de un igual.
¿Les puedo pedir un favor? Linkeen este blog. No es narcisismo ni ego. Es una necesidad real: los que vivimos con Igan tenemos que estar conectados.


