21.1.09

Estoy en duda. No sé cómo encarar el blog, si comenzar la historia por el principio, o ir contando episodios a piacere.

Qué es mejor: ¿el serial por entregas, o los pensamientos al azar?

19.1.09

Teatro Igan del absurdo presenta: La médica manosanta de Caseros (Parte VII y final)

Trataré de ser breve. No seguí el tratamiento porque las tinturas madre, el ácido y demás cosas que tenía que comprar en la farmacia pasaban de cuatrocientos pesos. Y los brebajes de mijo eran simplemente intomables. Lo que quiero contar es la charla con el médico al que fui luego.

Recuerden que, inocentemente, mostré mis nuevos estudios a la médica manosanta antes que al nefrólogo 02. Cuando se los mostré a este, me dijo contento que mi función renal estaba mejor que nunca desde que me había conocido. Me quedé asombrada, pero no dije nada.

A la semana fui a ver al especialista en glomerulopatías. Este tipo vendría a ser la némesis de la médica manosanta: es uno de los mejores nefrólogos del país, un reconocido especialista en las cuestiones que cargo yo y atiende gratis en el Fernández. Gra-tis, o sea que no cobra un peso. El mismo nefrólogo 02 me recomendó que hiciera una interconsulta con él.

NEFRÓLOGO CAPO:
-
Bueno, tu función renal está muy bien para tu situación, realmente muy bien.
ALABEL:
-
Eso me tranquiliza, porque...bueno, había ido a una médica que me dijo que tenía...disfunción renal, y me asusté...
NEFRÓLOGO CAPO (arquea una ceja):
-¿Quién te dijo eso?

En este punto me dio vergüenza evidenciar que había caído en las redes de una chanta cualquiera.

ALABEL:
-Una médica...cardióloga.


El nefrólogo capo me miró, arqueó aún más las cejas y me dijo que la cardióloga se ocupara de sus asuntos. La consulta continuó; no los voy a aburrir con detalles porque quiero llegar a la conclusión:
La mina "curaba", sí. Porque si me dice que tengo una disfunción renal, y hago las boludeces que ella me indica, y al tiempo me hago estudios nuevos y se los doy a un médico alopático, éste me va a decir que estoy bien. Porque nunca tuve una disfunción!

Probablemente el pibe nunca tuvo cáncer. O tuvo y cayó en la manosanta cuando ya estaba mejor, como yo y otros tantos boludos que nos dejamos ganar por el miedo, la ignorancia y la mala suerte.

14.1.09

Teatro Igan del absurdo presenta: La médica manosanta de Caseros (Parte VI)

La médica comenzó a hablar. A medida que lo hacía, redactaba las indicaciones en un recetario, con la clásica letra ilegible de los hijos de Galeno.
El tratamiento incluía todo aquello que había oído nombrar a las pacientes en la sala de espera: brebajes con mijo, almendras, ácido ascórbico, una ensalada especial con ciertas verduras, y una serie de tinturas madre.

MÉDICA:
No puedes comer nada de carne, ni leche, ni huevos, nada animal.
ALABEL:
¿Por?
MÉDICA:
¡Es que debemos limpiarte esos parásitos! NO puedes comer nada de eso durante cuatro meses. Y debes continuar con la dieta que ya estás haciendo.

Yo ya estaba sufriendo bastante con mi proceso de adaptación a la dieta. Lo que ella me proponía se me hacía imposible, y hasta algo ilógico. No estaba segura de que el mijo horneado y procesado pudiera suplir todas mis necesidades nutricionales. Pero no dije nada.
Continuó explicando los estrictísimos procedimientos, y pregunté dónde podía conseguir los ingredientes que me estaba indicando, ya que eran poco comunes. Y ahí sucedió lo que el lector sagaz estaba esperando: me los vendió ella misma. Gasté unos $70 (ya dije que era muy ingenua) en unas almendras "chilenas" y un par de cosas más. Excepto por las tinturas y el ácido, que debía conseguirlos en una cierta farmacia homeopática muy específica, sobre la que hablaré luego.

Llegó el fin de la consulta. Sabía que no atendía mi obra social, de manera que pagué la dolorosa consulta: $100.

ALABEL:
-Bueno, necesitaría la factura.
MÉDICA (cambiando su tono misterioso y trascendental por el de un kioskero de microcentro):
-¿Para qué?
ALABEL:
-A lo mejor me hacen un reintegro en la obra social. Tengo IOMA.
MÉDICA:
-No, no, jamás hacen reintegros. No te lo van a hacer nunca.
ALABEL:
-Ya sé, pero puedo intentar, déme la factura.
MÉDICA:
-NO hace falta. NO HACEN REINTEGROS.

La médica se incorporó, dio por terminada la consulta y me acompañó a la sala de espera. Ya sin dinero para parar un taxi, volví a casa en tren, bajo la lluvia que había comenzado a caer mientras Alejandro esperaba el remise. Aún me quedaba probar el tratamiento.


Continuará (no mucho más)

13.1.09

Teatro Igan del absurdo presenta: La médica manosanta de Caseros (Parte V)

“Disfunción renal” es un término aterrador, porque significa el preámbulo a la diálisis. En ese momento mis herramientas lógicas se apagaron y dejé de razonar. Así de simple, dejé de razonar. De otra forma no me explico lo que sigue a continuación.

ALABEL
Pe…pero los médicos dicen que tengo buenas chances, y…


MÉDICA
(menea la cabeza)
Sí, ahora. Pero si no te tratas, irás a diálisis.
Mirá, yo tengo gran experiencia. He salvado a mucha gente.
Y a los enfermos de cáncer no les cobro, son los únicos.


La médica se levantó y se asomó por la puerta.


MÉDICA
¡Alejandro!


El tal Alejandro era el paciente anterior; estaba esperando un remise. Se asomó al dintel, y…y yo no sé cómo explicarles la cara de gil de goma que tenía este flaco. Tenía una sonrisa como ida y estaba muy pálido. La médica habló con su voz misteriosa, segura de sí misma.


MÉDICA
Él, a él le habían diagnosticado un cáncer. ¡Y yo lo curé!
Mira qué fuerte está ahora. ¿Verdad?


La médica palmeó el brazo de Alejandro, quien soltó una risa estúpida. Conversaron algo sobre una carrera en la que él iba a participar, y se fue. Entonces, la médica empezó a redactar mi tratamiento.



Continuará

8.1.09

Teatro Igan del absurdo presenta: La médica manosanta de Caseros (Parte IV)

Tenía turno a las 17.30. A las 19.30, después de dos horas de nekos, Cristos y pacientes insufribles, ingresé al consultorio. La decoración, por suerte, era más simple. Lo que me llamó la atención fue un viejo aparato oftalmológico en medio de la habitación, de esos que el oftalmólogo utiliza para estudiar nuestros ojos.

La médica hablaba con un halo de mística que no coincidía con su apariencia común y corriente. Con esa seguridad de pastor evangelista, ese tono afirmativo exagerado, abriendo mucho los ojos al terminar cada frase. También aspiraba las erres, y a pesar de ser argentina, a veces hablaba de vos y otras de tú (!)

.

no. Te sientas aqurtera.

cribents hablaba de vos y otras de tr cada frase. onal, C.A. scar, lo mandan directamente...

Luego del saludo de rigor, le describí mi problema. En esa época no había pasado ni dos meses del diagnóstico definitivo.

Saqué unos estudios de la cartera.

ALABEL

Y bueno, aquí tengo los últimos análisis,

ni el nefrólogo los vio todav…


MÉDICA

(interrumpe)

No, no. Te sientas aquí.


Me señaló el microscopio oftalmológico. Anonadada, me senté en él. La médica me acomodó la cabeza y se sentó del otro lado. Miró mis ojos con el aparato.


MÉDICA

(determinante)

Es que tú tienes parásitos.


ALABEL

¡¿En los ojos?!


MÉDICA

No. En todo el cuerpo.


ALABEL

Pero…me hicieron unos análisis de eso el mes pasado, para descartarlo,

y salió todo bien…mire, los tengo acá junto con los de función renal…


La médica miró los estudios. Pasó por las hojas rápidamente y no me hizo ninguna pregunta. Meneó la cabeza y chistó.


MÉDICA

No te preocupes. ¡Yo te voy a salvar!


(Recuerden que aún no le había mostrado los estudios al nefrólogo, y además yo era muy inexperta)



ALABEL

(asustada)

¿De…qué? ¿Qué tengo?


MÉDICA

(grandilocuente)

¡De tu DISFUNCIÓN RENAL!

(agrega en tono misterioso)

Pero tienes que hacer e-xac-ta-men-te lo que yo te indique.



Continuará

6.1.09

Teatro Igan del absurdo presenta: La médica manosanta de Caseros (Parte III)



MÉDICA MANOSANTA (off)
Bueno, si quieres pides el remise aquí…



Volteé de inmediato. Una señora regordeta salió de un pasillo, seguido por la médica. Ella regresó enseguida al consultorio, y pude verla por un momento nada más: petisa, rubia, cabello corto, sesenta años aproximadamente. Vestía un guardapolvo blanco.
Me tranquilicé, francamente a esas alturas esperaba una brasilera umbanda con polleras de colores, con un gallo en una mano y una cuchilla en la otra.

Tuve que esperar casi dos horas a que me atendiera. Pero cuando salí de la consulta, deseé que hubiera sido la brasilera…al menos hubiese bailado al ritmo de los tambores.
Interrumpimos La Médica Manosanta para informar que Natalia Alabel ya puede ir a retirar el resultado de la biopsia. Y se está deshaciendo en ansiedad.

2.1.09

Teatro Igan del absurdo presenta: La médica manosanta de Caseros (Parte II)


CUARENTONA

Hola, ¿por qué venís acá?

ALABEL
(Seca)
Un problema renal. Una autoinmune.

A veces no tengo ganas de charlar sobre la enfermedad. Sobre todo desde que pasó el tiempo y puedo reírme medianamente del asunto. Pero muchos pacientes adoran hablar de sus dolencias. Los hace sentirse únicos y especiales, y no importa si uno tiene sida, elefantismo y sindrome de Tourette todo junto: su pie de atleta siempre es el peor infierno.
Contrariamente a lo que puedan creer, yo no tengo nada contra esos pacientes. Los escucho mientras imagino cómo serán sus vidas, cómo eran de chicos, cómo fueron sus padres.

CUARENTONA
(Que no sabe lo que significa autoinmune)

Aaah…qué jodido eso. Yo desde que me trato con ella –refiriéndose a la médica-,
estoy mucho mejor, nada me había funcionado. Creo.


Me quedé pensando en el “creo”, cuando intervino la madre cincuentona.

MADRE
Yo es la tercera vez que lo traigo –refiriéndose al hijo,
que tenía como ¡veinte años!-


Miré al chico. Pálido y gordito, no hizo ninguna acotación. Pensé que sus problemas de salud probablemente terminarían si se sacara a la madre de encima. El señor mayor no dijo nada, mientras miraba al piso, encorvado.

CUARENTONA
Yo ya no sabía qué hacer con la vesícula (¿que no es operable?)
Ella me dio el mijo (?), me sacó la leche, todo, y estoy mejor.


MADRE
A él también le sacó la leche y la carne, y le dio el mijo y unas tinturas madre.


CUARENTONA
(emocionada)
¡A mí también! De nogal, hiedra y chamomilla.


MADRE
¡Sí, y ácido ascórbico!


CUARENTONA
Yo también tomo el ácido ascórbico, y las almendras trituradas, y…


Ese fue mi segundo indicio inquietante. ¿Cómo puede ser que a todos los pacientes les recete exactamente lo mismo? Si la antroposofía y la homeopatía sostienen que cada individuo es único. Pero como ya dije, yo era muy inexperta, y me quedé. La charla continuó, asó como las coincidencias en los tratamientos. La cuarentona tenía problemas de vesícula, y no podía tener hijos. “Lamentablemente no fui bendecida. Yo estuve muy peleada con Dios por eso, pero ya me reconcilié”. Habló tanto, pero tanto del asunto, que para mí no se había reconciliado nada. Nunca supe exactamente qué tenía la madre. Perdón, el hijo.

Me estaba durmiendo cuando se escuchó el sonido de una puerta abriéndose.


MÉDICA MANOSANTA
(off)

Bueno, si quieres pides el remise aquí…


Continuará