20.2.09

Sin más explicaciones me subieron a una camilla. No sabía ni a qué sanatorio me estaban llevando. Mirar el mundo desde una camilla es simplemente perturbador. La silla de ruedas al menos conserva el punto de vista normal, sólo que más bajo. Mirar los techos y las caras de la gente desde el punto de vista horizontal recuerda a los cementerios.

Me subieron a una ambulancia y me ataron para que no me cayera. La enfermera se parecía mucho a la de una insufrible película titulada La muerte del señor Lazarescu. Me dijo que no importaba si la sangre subía por el suero, que era normal.

Yo estaba aterrada. No entendía porqué si yo había llegado primero, me estaban sacando. Odié a la chica que había ingresado después de mí. La odié a ella, a su superprepaga, a la clínica, a los camilleros, a todo el mundo.
Y sabiendo que la Clínica01 era lo mejorcito de la Obra Social, no me esperaba nada bueno. Efectivamente, la Clínica02 resultó ser un infierno para mí. Cualquier hospital público hubiese sido mil veces mejor.

10 comentarios:

Eric dijo...

Cada vez más cinematográfico, y sigue la tensión.

Va encontrando su forma el blog, eh? Y es mucho mejor de lo que uno podía imaginar en un comienzo.

Juan Bodie dijo...

Naty, me operaron dos veces. En la segunda cuando iba en la camilla hasta el quiròfano, me largué a llorar....la enfermera se reía.
"Cagueta el sr,no?"
Es que en una camilla, ambulancia o quirófano nada depende de vos. Estás entregado, tu vida está en manos de otro.

chini dijo...

Querida Naty: hoy descubrí tu blog, y realmente me surgio la duda de si estos relatos son parte de una blog novela o algo así, si no lo es, perdoname la imprudencia.Me podes contestar?

Lin dijo...

Pude imaginarme los techos y luces de la clínica y las papadas de los camilleros.
Cada vez mejores los relatos, un gusto leerte.

Natalia Alabel dijo...

Eric, va queriendo, sí.

Juan, la enfermera esa era una tarada. Una de terapia intensiva jamás haría un comentario como ese, lo sé. Con el tiempo emepecé a contestarles esas pelotudeces a médicos, enfermeros y cualquiera que se me cruzara por delante.

Chini: su pregunta no molesta. Verás, en este blog comencé a contar mis experiencias con la nefropatía por Iga. Lo que cuento es real, me pasó. Si vas a los primeros post, verás que se trata de un poco de todo. Luego pensé que sería interesante contar cómo fue que empezó todo, por eso en este momento ha tomado forma de capítulos, o de novela como vos decís. Te recomiendo ir al principio y leer los viejos post, y sobre todo la historia de la médica manosanta -que en mi opinión, es lo más divertido que escribí-. Además, está todo convenientemente etiquetado.

Lin, gracias! a lo mejor le estoy tomando la mano...

chini dijo...

gracias Naty! Que cagada es estar enfermo...desde aqui y si me lo permitís te acompañaré!

Gustavo dijo...

Es tal cual decis vos, y cre que ya te comenté esto. Pero cuando estuve internado en la clinica San Miguel la pase muy mal. Cuando una semana despues me internaron en el Muñiz me volvi a sentir una persona enferma y no un carnet, un bono o una autorizacion para examenes.
Mucha calidad humana y muy buen personal medico y de enfermeros.

huellas compartidas dijo...

Aghhhhh !!! las clínicas, hospitales, docs y demases...
No me gusta no me gusta
para nada !!
Y pensar que el miércoles tengo dentista... auxiliooooo !!!

lupanar dijo...

Odio las clinicas y sus manejos nefastos, me hacen recordar lo mucho que perdimos de humanidad. Todo se rige según la guita que tengas.
Por otro lado le tengo cierto resquemor a los medicos, me parece que algunos tienen ciertos delirios misticos y se creen Dios y lo peor es que muchas veces la pifian y feo. A mí me paso, asi que te entiendo.
Te sigo leyendo!
Saludos,
Lupe.

H.- dijo...

Lo de la camilla es feo. La sensación de que hagas lo que hagas, nada depende de vos y todo depende de los demás es horrible y aterra saber que estás dejando tu mundo librado a la buena o mala voluntad y pericia de un grupo de enajenados con delantal.

"La noche del Sr. Lazarescu" la blogueé en agosto del 2007 y nunca sé si recomendarla o no. Me suscita sentimientos encontrados.