
Ya conté en varias ocasiones que debo cuidarme en las comidas. Debido a la nefropatía tengo que restringir el consumo de proteínas y de sal.
En los últimos meses, como vengo estable, el médico me dijo que si quería comer con sal (moderadamente) lo hiciera, y que podía consumir más cantidad de proteínas. Eso me relajó muchísimo, ya que vivir a dieta, contando todo lo que consumía, me estresaba mucho.
No puedo comer medio kilo de asado, obviamente, pero sí más de 100 grs de carne. Eso es maravilloso.
En cuanto a la sal, me desacostumbré de tal manera, que la uso muy poco. En ensaladas y carnes, ni siquiera la tengo en cuenta. Si utilizo queso o caldos, no uso sal. Me empalaga.
Todo esto viene a que mi familia me ayuda un montón con el tema. Para Navidad mi abuela, mi tía y Vivi prepararon comidas con poquísima sal o directamente sin nada. Hubo variedad de entradas, principales y postres, de forma que pude llegar a un equilibrio. Había un montón de cosas que yo no comí, o apenas probé; y había otras tantas que eran ideales para mí, pero no por eso menos ricas para el resto.
No quiero decir que la comida de toda la familia gire a mi alrededor, de ninguna manera. Se trata de adaptación. Todo el rollo de tener una enfermedad crónica pasa por la adaptación.
Y cuando tu familia te da una mano, es un millón de veces más fácil.
En los últimos meses, como vengo estable, el médico me dijo que si quería comer con sal (moderadamente) lo hiciera, y que podía consumir más cantidad de proteínas. Eso me relajó muchísimo, ya que vivir a dieta, contando todo lo que consumía, me estresaba mucho.
No puedo comer medio kilo de asado, obviamente, pero sí más de 100 grs de carne. Eso es maravilloso.
En cuanto a la sal, me desacostumbré de tal manera, que la uso muy poco. En ensaladas y carnes, ni siquiera la tengo en cuenta. Si utilizo queso o caldos, no uso sal. Me empalaga.
Todo esto viene a que mi familia me ayuda un montón con el tema. Para Navidad mi abuela, mi tía y Vivi prepararon comidas con poquísima sal o directamente sin nada. Hubo variedad de entradas, principales y postres, de forma que pude llegar a un equilibrio. Había un montón de cosas que yo no comí, o apenas probé; y había otras tantas que eran ideales para mí, pero no por eso menos ricas para el resto.
No quiero decir que la comida de toda la familia gire a mi alrededor, de ninguna manera. Se trata de adaptación. Todo el rollo de tener una enfermedad crónica pasa por la adaptación.
Y cuando tu familia te da una mano, es un millón de veces más fácil.